Integridad y Autoapoyo

Cualquier sistema de terapia que no produce en el paciente la capacidad de valorarse a sí mismo como ser humano es incompleto. Cada vez que yo mismo soy incapaz de proporcionarme un apoyo que surja de mi propia autoestima, me siento vacío, no valorado, tenso y vagamente insatisfecho.

El estado opuesto es aquel  eRespirando 2n el que el individuo se siente completo dentro de sí mismo y en el que funciona de una manera íntegra. Conductualmente la integridad es un estado de ser en el que un organismo funciona de una manera congruente. Las plantas y los animales usualmente son íntegros en sí mismos; incluso cuando están en conflicto con el mundo exterior, generalmente funcionan en una forma que va a favor de su propio interés. Un ser humano recién nacido es íntegro, tanto emocional como fisiológicamente. En cambio, el ser humano adulto, en vez de utilizar sus habilidades para obtener lo que quiere de su ambiente, se tortura y se despedaza a sí mismo con aglomeraciones de deseos, exigencias y deberías.

La división más destructiva en el hombre occidental es aquella que se crea durante la infancia entre el controlador y el controlado. Contrastando con esta idea occidental de la inevitabilidad del estar dividido, las religiones y las filosofías orientales afirman que el hombre sí puede lograr la integridad. Uno de los mayores propósitos de la meditación en el budismo zen es lograr la integridad en uno mismo y entre uno mismo y el resto del universo.

Confío en el funcionamiento natural de los individuos, en sus impulsos, sentimientos y sentidos, pero no confío en sus juicios ni en sus teorías sobre ellos mismos, sobre la vida y sobre la otra gente. Confío en que si hacen lo que quieren hacer, harán lo que más se les adecue y le haga crecer. No confío en ellos si hacen lo que piensan que “deberían” hacer.

La gente no hace lo que realmente se adecua a ellos cuando basa sus decisiones en reglas y normas morales o cuando utiliza su racionalidad para decidir algo. La forma natural de tomar decisiones es basarlas en la totalidad de nuestro ser, en la lógica y la moralidad y los sentimientos y en los propios sentidos. Mi preferencia para con mis pacientes es que aprendan a ser tan vitales, conscientes y libres como sea posible.

Sacrificar el presente por algún incierto bien futuro es desvitalizante y constituye una mala elección para la mayoría de las personas. Abusar del cuerpo en pro de alguna ganancia económica es una elección neurótica, desvitalizadora. Tolerar una dificultad del momento, porque el hacerlo nos ayudará a ganar el cielo más fácilmente, también es una elección desvitalizadora.

La persona viva funciona de manera íntegra, usando congruentemente su mente, su cuerpo y sus sentidos. En vez de verse a sí misma como una cosa fija, se ve como un proceso y puede fluir libremente entre contacto y retirada, actividad y pasividad, amor y odio.

Al tratar con pacientes, intento ponerlos en contacto con las formas en que generalmente tratan de resolver sus conflictos, y si es posible, con las soluciones alternativas que los llevarán a una mayor libertad, vitalidad e integridad.

La mayoría de los terapeutas visualizan a sus clientes como personas enfermas y desamparadas en grados diversos, y que, por tanto necesitan su consejo y orientación,… En realidad esta actitud es una forma de autoritarismo disfrazado.

El terapeuta íntegro, aquél que no necesita nada de sus pacientes comprende que el paciente es tan autónomo como él y, por lo tanto, igualmente responsable de su conducta. No sé más sobre el paciente de lo que él sabe de sí mismo. De ahí que no asumo ni puedo asumir responsabilidad por su conducta, por su evolución o estancamiento. De todos los principios de la terapia gestáltica éste es, quizás, el más importante, el más difícil de comprender y el más controversial.

La responsabilidad es la capacidad de escoger.

El problema que la mayoría de los individuos tienen respecto a la libertad es que o bien se dicen a sí mismos que no tienen opciones, o se resienten por la existencia de los límites, rehusando aceptarlos. En vez de trabajar con las alternativas disponibles, se quedan impávidos, quejándose de las alternativas que no tienen. La mayoría de los pacientes intenta evitar la libertad de hacerse responsable de lo que sucede en terapia, tratando de manipularme parar que les proporcione apoyo, los guíe y los reconforte. Sin embargo, jamás les doy la clase de apoyo que implica verles como unos desamparados y débiles y que necesitan ser mimados.

El aspecto esencial del autoapoyo y de la autorresponsabilidad es descubrir lo que uno quiere y dar los pasos necesarios para obtenerlo. Si deseas alguna cosa que otro puede proporcionarte, ser responsable es pedir directamente lo que quieres.

Uno de los pasos que la mayoría de los pacientes tiene que dar para avanzar en una terapia es el abandono de la esperanza. La única cosa en la que podemos basar la existencia más allá de la esperanza y del pensamiento es en el propio organismo: en los ojos, los oídos, el funcionamiento corporal y las emociones. Hasta no despertar y comenzar a usar el organismo, los pacientes deberán permanecer con y enfrentarse a su desesperación y desesperanza.

Stephen A. Tobin