La práctica de la plena conciencia…

La práctica de la plena conciencia…

 

… puede ayudarnos a ver y aceptar las cosas como son. Lo que significa que podemos vivir en paz con la inevitabilidad del cambio y la imposibilidad de ganar siempre. Las preocupaciones por las cosas que van mal, que ocupan nuestra mente cada día, empiezan a perder fuerza. El coche atrapado en un embotellamiento, una merienda en el campo pasada por agua, las llaves que no encontramos o una venta malograda, todas estas cosas resultas así más fáciles de aceptar. Aceptamos mejor la realidad de que unas veces  conseguiremos una cita o promoción y otras veces no. Al dejar de empeñarnos en controlarlo todo, ya no somos fácil juguete de los altibajos cotidianos de la vida, al tiempo que somos también menos susceptibles de vernos arrastrados por problemas emocionales como la depresión, la ansiedad u otros problemas físicos relacionados con el estrés, como el dolor crónico y el insomnio.

La plena conciencia nos ayuda también a liberarnos de nuestra dolorosa preocupación por el ‘yo’. Lo que hace principalmente que la realidad sea tan dolorosa es lo que ésta implica para mí. La plena conciencia puede ayudarnos a todos a sentirnos menos preocupados por lo que le oeye-718523_640curre a este yo. Las preocupaciones por mi salud, riqueza, belleza y autoestima pasan a un segundo plano. Tener un resfriado, un coche que se estropea, un día en el todo sale mal, o el miedo a haber dicho alguna tontería, todo ello resulta más fácil de sobrellevar. Preocuparnos menos por el yo resulta un gran alivio.

Además de reducir así el sufrimiento, la plena conciencia nos permite experimentar la riqueza de los momentos de la vida. Olemos de verdad las rosas, saboreamos la comida, reparamos en una puesta de sol y sentimos las relaciones cotidianas con los demás. El aburrimiento desaparece al despertar a la rica complejidad de cada momento. Todo cobra vida conforme nuestra atención abandona los pensamientos sobre la vida y empieza a reparar en cómo resulta de hecho el caminar, estar de pie o sentados, o ir al volante. Al descubrir que no hay dos momentos que sean iguales, todos ellos se vuelven valiosos e interesantes.

 

LA SOLUCIÓN MINDFULNESS (Ronald D. Siegel)